La industria de la moda es una de las más contaminantes del mundo. Según una investigación de la Ellen Mc Arthur Foundation.org, la Industria Textil es la segunda mayor contaminante del planeta después del Petróleo… aunque ahora veremos que tan ligados están en esa carrera (leer “La industria textil y el medio ambiente”). Desde principios del año 2000, la producción de moda se ha duplicado y se espera que crezca en volumen de 62 millones de toneladas en 2015, a 102 millones de toneladas para 2030, lo que representa un valor de 3,3 billones de dólares y montañas de ropa desechada a una velocidad de un camión de basura por segundo.
Pocos consumidores promedio saben que esta producción vertiginosa de ropa es posible gracias a fibras sintéticas baratas, principalmente poliéster, que es un tipo de plástico. El insaciable modelo de negocio de la moda rápida o Fast Fashion se debe a la posibilidad del uso de fibras sintéticas baratas, una no puede existir sin la otra. Estas fibras se producen a partir de combustibles fósiles, principalmente petróleo y gas. El poliéster, el favorito de la industria de la moda rápida, se encuentra en más de la mitad de todos los textiles.
El crecimiento histórico del poliéster se ha convertido en la columna vertebral del modelo de negocio de la moda rápida insostenible, que está impulsando el consumo descontrolado y presenta un obstáculo importante para una economía circular. La industria del petróleo y el gas está apostando también por la producción de plástico, incluidas las fibras plásticas, como una parte creciente de sus ingresos y se prevé que esto casi se duplique para el 2030.
El poliéster generalmente se produce a partir de PET, que se deriva de petróleo crudo y gas natural. El hecho de que la mayoría de las prendas en el mercado contengan plástico hace que el sector textil sea el mayor usuario de plástico después del embalaje y la construcción. La producción de fibras sintéticas baratas no solo permite la moda desechable de baja calidad, sino que también hace que la industria de la moda sea altamente dependiente de la extracción continua de combustibles fósiles. Más allá de las emisiones de carbono, esto también está íntimamente relacionado con otros importantes daños ambientales que incluyen derrames de petróleo, emisiones de metano, contaminación del agua y del aire, impactos en la salud humana -particularmente para las comunidades cercanas a los sitios de extracción- alteración de la vida silvestre y pérdida de biodiversidad.
Si bien se considera al reciclaje una forma de disminuir los desechos textiles, el reciclaje por sí solo no resolverá los problemas de la moda rápida ni frenará el crecimiento exponencial en el uso de sintéticos. Actualmente, menos del 1% de la ropa se recicla para fabricar ropa nueva.. De hecho, el reciclaje tampoco hace nada para resolver un problema a la vez microscópico y enorme: las microfibras. Estos diminutos fragmentos de plástico que se desprende de nuestra ropa cuando la lavamos, la usamos o la desechamos, y se filtra en nuestros cuerpos y el mundo natural. Algunas industrias textiles han comenzado a fabricar nuevos tejidos utilizando botellas de plástico recicladas que a primera vista parece una magnífica solución. Sin embargo, en su elaboración las botellas se transforman en millones de microfibras para confeccionar las prendas de vestir. La comunidad científica cuestiona esta estrategia ya que esta solución es más contaminante que dejar la botella sin hacer nada.
Hay tres problemas principales con las microfibras. En primer lugar, son lo suficientemente pequeñas como para ser ingeridas por organismos tanto terrestres como acuáticos, dañando a los organismos directamente y posteriormente entrando en la cadena alimentaria. En segundo lugar, microfibras y microplásticos pueden absorber contaminantes como metales pesados, productos químicos peligrosos, neurotoxinas y patógenos dañinos, transfiriendose a la cadena alimentaria y también aumentando las posibilidades de enfermedad en ciertos entornos como los arrecifes de coral. Hay evidencia de desgaste a largo plazo de salud del ecosistema causada por microplásticos que agotan los niveles de energía y éxito reproductivo de los animales marinos. En tercer lugar, las microfibras son muy difíciles de capturar. Se estima que 500.000 toneladas de microfibras ingresan a las aguas residuales cada año por el lavado, el equivalente de 50 mil millones de botellas de plástico.

Comentarios
Publicar un comentario