“Como es arriba, es abajo; como es adentro, es afuera”, afirma el principio de correspondencia según las leyes que Hermes Trismegisto enunció en el antiguo Egipto, hace un buen puñado de siglos atrás. Cuando lo llevamos al nivel humano, todo lo que sucede alrededor de una persona refleja lo que le está ocurriendo por dentro. Si desmenuzamos ese adentro humano, nos damos cuenta de la complejidad de lo que pasa fuera y viceversa. No resulta tan descabellado pensar, entonces, que esta barrera de aparente separación física que es nuestro cuerpo con el entorno mantiene una estrecha y dinámica relación. Ya que “como adentro es afuera; como afuera es adentro” parece clave mejorar la calidad de vida en su más amplio significado. Todo lo que daña al ambiente también daña al individuo en igual medida y, por el contrario, todas acciones que se tomen para mejorar la calidad de vida individual, repercutirán positivamente en el medio ambiente.
Veámoslo en un hecho concreto. Hace algunas
décadas el estudio de la microbiota
se volvió clave en la salud para
explicar y resolver estados de desequilibrio traducido en enfermedades. Se pudo observar a través del
microscopio que nuestro cuerpo físico se encuentra relacionado simbióticamente
con más de mil especies distintas de microorganismos (bacterias, levaduras,
hongos, virus) en un número de millones de millones, lo que supone una cantidad diez veces mayor que el
número total de nuestras células. El peso de toda esa vida microscópica intestinal
se calcula en cerca de 1 kg[1].
La simbiosis establece una
relación de codependencia en un ecosistema. En nuestro ecosistema humano
dependemos del correcto equilibrio de dichas comunidades microscópicas para
desarrollar importantísimas funciones fisiológicas, incluyendo la respuesta
inmunológica, el metabolismo celular, la regulación hormonal, y la comunicación
a través de neurotransmisores en el eje intestino-cerebro. A su vez, estas
comunidades dependen de nuestro accionar cotidiano. Un correcto equilibrio
resulta cuando se ven beneficiadas aquellas comunidades bacterianas
acidolácticas que cumplen roles fundamentales en el metabolismo celular y que,
en consecuencia, su desarrollo mantiene a raya a bacterias, hongos y virus
causantes de enfermedades.
Así, volver
a la comida real, esa que nos nutre y alimenta tanto a nosotros como a los
pequeños habitantes de nuestro cuerpo genera un impacto positivo en el adentro. Alimentarnos con frutas y
verduras frescas y variadas, semillas, granos y legumbres es fundamental para
darle las fibras y nutrientes que nuestra microbiota necesita para
desarrollarse en forma abundante y diversa. Si observamos hacia afuera, un mayor consumo de vegetales,
frutas y productos a granel acompañado de la utilización de bolsas de tela,
reutilización de plásticos, reducción de desechos compostando orgánicos y
produciendo ecoladrillos en casa, trae aparejado un gran beneficio para nuestra
querida madre Tierra y nuestro entorno cercano.
La composición
básica de la microbiota la recibimos al nacer de nuestras madres, pero
después vamos incorporando microbios con nuestra
alimentación, del ambiente y de
las demás personas y animales con los que convivimos. Los alimentos llamados probióticos aumentan directamente las
cantidades de ciertos microorganismos que son beneficiosos, como los Lactobacilus y Streptococus de los yogures (aunque acá son solamente unas 5
especies). Por otro lado, a los alimentos que promueven el crecimiento de la
población de microbiota benéfica se les llama prebióticos. Las fibras en las verduras, harinas integrales y
legumbres son prebióticas por su efecto de favorecer el crecimiento de las
bacterias, principalmente las que habitan el colon. Por el contrario, los
conservantes y los bactericidas que se usan para preservar alimentos, los
nitratos y nitritos en la conservación de fiambres, los sulfitos que se usan
para preservar vinos, afectan negativamente a la microbiota. Y los antibióticos, son anti-microbiota; los
desinfectantes, detergentes y productos de limpieza en general hay que usarlos
con moderación y cuidado, ya que también son anti-microbiota.
Más allá de nuestra alimentación, otra forma
muy importante de adquirir microorganismos benéficos es a través del contacto con un ambiente sano y natural.
El ir con frecuencia a lugares donde hay tierra, plantas, insectos, animales, e
interactuar directamente con este ambiente, favorece la adquisición de
microorganismos benéficos. Por ejemplo, tener una huerta o hacer compost son
actividades que no sólo nos benefician emocionalmente, sino también a nivel de
nuestra salud microbiana, y no solo la intestinal, sino también la que habita en
la piel, los pulmones y la nariz[1].
Hoy tenemos la posibilidad de decidir, de esforzarnos un poquito más, de asumir nuestra responsabilidad como consumidores y como soberanos de nuestra propia salud y estilo de vida. En este contexto, le proponemos al lector un experimento: jugar durante un día completo, desde que se levanta hasta que se acuesta, a escribir en una hoja cada acción que ejecuta o la mayor cantidad posible. Seguramente comience por abrir una canilla o tirar la cadena del inodoro, por prepararse un desayuno, y lavar lo que usó. Cada una de esas acciones genera un impacto en el ambiente. Parece exagerado, pero ¿cuántas cadenas se tiran por hora en el planeta?, ¿cuántos desechos mal tratados contaminan los cursos de agua?, ¿cuánto papel y detergente se desecha?. Y si hablamos de alimentación, ¿cuántos plásticos se necesitan para que lleve la comida a mi boca?, ¿cuántos de ellos terminan en la basura, es decir, en nuestro ambiente?, ¿cuántas veces ingiero comida al día y cuántas me estoy alimentando realmente?. Estas preguntas surgen desde una desjuiciada manera de autobservar hábitos normalizados, salir del piloto automático y volver a decidir el accionar cotidiano de forma consciente, transformando y mejorando día a día dichos hábitos.
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Autora de la nota: Camila Salas
[1] Gonzalez A. Microbiota intestinal, esencial para el sistema inmune. 9/10/2020. https://cienciayconcienciasiglo21.blogspot.com/2020/10/microbiota-intestinal-esencial-para-el.html

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